Por qué la energía solar se dispara en plena ofensiva de Trump contra las renovables - Energía | PriceONN
Pese al giro de Washington en contra de las energías limpias, la solar lleva 28 meses seguidos liderando la nueva capacidad eléctrica en Estados Unidos y representó el 72,6 por ciento de las incorporaciones de 2025.

El dato que incomoda a la política energética

Hay una cifra que choca de frente con los titulares: la energía solar ha sido la mayor fuente de nueva capacidad eléctrica en Estados Unidos durante 28 meses consecutivos. La racha arrancó en septiembre de 2023 y no muestra grietas. Lo curioso es que ese ascenso se mantuvo intacto bajo una Casa Blanca que llevaba año y medio empujando la política pública en sentido contrario.

Las cifras de la Comisión Federal Reguladora de Energía no dejan margen a la interpretación. Al cierre del año pasado, las renovables sumaron un llamativo 88 por ciento de todas las incorporaciones energéticas de 2025. Solo la solar a escala de servicios públicos concentró el 72,6 por ciento de la nueva capacidad eléctrica del país. La pregunta se cae de madura: ¿cómo florece un sector mientras el Gobierno le retira el apoyo? Ahí está el verdadero enigma.

El impulso venía de antes del recorte

Desde que la actual administración regresó al poder en enero del año pasado, ha desmantelado buena parte del paquete de créditos fiscales y subsidios de la era Biden que catapultó a la solar y a la eólica. Y aun así, el crecimiento no se ha frenado. La porción solar de la matriz energética nacional ya supera a la eólica, la nuclear y la hidroeléctrica juntas en instalaciones nuevas.

Buena parte de la explicación está en los tiempos. Muchos de estos proyectos se aprobaron y financiaron antes de que cayeran los incentivos, lo que dio a la cartera años de inercia hacia adelante. Con todo, los analistas no anticipan un desplome. Los reguladores prevén que la capacidad solar se amplíe en otros 86 gigavatios en los próximos tres años. Llegado ese punto, la solar dejaría atrás al carbón, pese a un empujón federal de 700 millones de dólares para reanimar su producción. Mirando más lejos, la proyección se vuelve aún más audaz: hacia 2029, la solar podría convertirse en la segunda mayor fuente de toda la matriz energética estadounidense, por detrás únicamente del gas natural.

La economía gana la partida en silencio

El clima político más frío hacia los paneles fotovoltaicos sencillamente no puede con las matemáticas de fondo. La demanda eléctrica disparada por el sector tecnológico, en gran parte ligada a los centros de datos y la computación, ha liberado una oleada de capital hacia la generación de todo tipo, con las renovables y las opciones de nueva generación a la cabeza. Eso incluye apuestas ambiciosas por la fusión nuclear, la geotermia mejorada e incluso la solar espacial.

Un ejecutivo lo resume sin rodeos. Miguel Stilwell d'Andrade, consejero delegado de la eléctrica portuguesa EDP, sostiene que el país atraviesa lo que «posiblemente sea uno de los mejores periodos para invertir en renovables en Estados Unidos de los últimos 20 años».

EDP respalda esa convicción con dinero contante: destinará más de la mitad de su gasto de capital, unos 5.300 millones de dólares, a proyectos renovables en Estados Unidos durante los próximos tres años.

A su juicio, América adelanta hoy a Europa como destino del dinero limpio. Los mercados europeos siguen enredados en regulación y todavía cicatrizan del shock energético que desató la guerra de Rusia en Ucrania, agravado por la disrupción más reciente vinculada al conflicto de Estados Unidos e Israel con Irán. Los mercados estadounidenses de energía y tecnología, en cambio, lucen mejor posicionados para crecer. La ironía es difícil de pasar por alto: mientras Washington trabaja por devolver el dominio a los combustibles fósiles y Bruselas insiste en su agenda de descarbonización, podría ser Estados Unidos quien acabe albergando la mayor expansión de energía limpia de su propia historia.

Lo que vigila el dinero inteligente

Para el inversor, la señal es nítida: una demanda duradera puede imponerse sobre una política hostil. Los beneficiarios más claros son los desarrolladores de solar a escala de servicios públicos y la cadena de suministro de equipos que los alimenta, junto a los operadores de red y almacenamiento necesarios para absorber 86 gigavatios de nueva capacidad.

  • Gas natural: sigue siendo el líder proyectado y complemento natural de la solar intermitente.
  • Carbón: acciones ligadas a este sector afrontan un panorama de capacidad más duro pese a la financiación federal.
  • Activos energéticos en dólares: los fuertes flujos de capital extranjero, como el compromiso multimillonario de EDP, dan soporte incremental a estos instrumentos.

    Conviene observar cómo se estructuran los contratos eléctricos de los centros de datos, porque la demanda hiperescalar es el motor real, no los subsidios. El riesgo principal es la ejecución: costes de financiación, cuellos de botella en la conexión a red y reglas comerciales cambiantes sobre componentes importados podrían frenar el ritmo. Pero la historia estructural, generación barata frente a una demanda voraz, parece lo bastante resistente como para sobrevivir a un ciclo político adverso.

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