¿La fiebre del gasto en IA creará una bomba de relojería de depreciación?
El frenesí inversor en la revolución de la IA
Los planes de gasto de capital sin precedentes de las grandes tecnológicas han dominado las noticias este año. Compañías como Google, Meta, Amazon y Microsoft han desembolsado sumas astronómicas para asegurar su posición en la carrera por construir la infraestructura que impulsará la inteligencia artificial (IA). Se proyecta que el gasto total de capital (capex) de estas cuatro empresas alcance los $750 mil millones este año, una cifra que representa aproximadamente la mitad del gasto anual de todo el gobierno del Reino Unido. Este nivel de inversión supera con creces cualquier presupuesto anterior de este cuarteto tecnológico y se espera que aumente aún más el próximo año.
Si bien los accionistas han respaldado estos planes hasta cierto punto, el rendimiento de sus inversiones no ha seguido el ritmo del gasto. Desde 2023, el precio promedio de las acciones de estas cuatro firmas se ha duplicado. Sin embargo, esto no ha logrado compensar la cuadruplicación de los presupuestos trimestrales promedio de capex en el mismo período. A pesar de ser empresas con valoraciones de billones de dólares, estas compañías podrían estar acercándose a un límite en la expansión de su capacidad computacional.
Existen varias razones para esta advertencia. En primer lugar, las restricciones físicas son innegables: la cadena de suministro de chips, la disponibilidad de energía y la infraestructura hídrica presentan cuellos de botella cada vez más evidentes, llegando a generar limitaciones reales en algunas regiones del mundo desarrollado. En segundo lugar, el costo de construcción es prohibitivo. La mayoría de los proyectos de IA aún están lejos de ser rentables, y el flujo de caja de otras áreas no es suficiente para cubrir el déficit. Alphabet, la empresa matriz de Google, ha recaudado por sí sola $85 mil millones en deuda durante el último año y planea emitir $80 mil millones adicionales en capital propio en los próximos meses, una operación de financiación sin precedentes que no puede sostener indefinidamente.
La depreciación oculta: un desafío emergente
Gran parte del enfoque se ha centrado en la expansión de los centros de datos. No obstante, existe otro factor crucial, y uno que corre el riesgo de ser pasado por alto: el mantenimiento y la depreciación de los activos. El costo de mantener operativa la infraestructura de IA una vez construida será fundamental. Los servidores de los centros de datos suelen tener una vida útil de entre tres y seis años antes de requerir reemplazo. Dada la vertiginosa velocidad de la innovación y la intensa demanda computacional de la IA, es previsible que esta vida útil se acerque al extremo inferior de ese rango para los grandes proveedores de servicios en la nube (hyperscalers).
El equipamiento dentro de los centros de datos de IA constituye hasta dos tercios del costo de construcción. Si se suman los costos de reemplazo a las proyecciones de capex para los próximos años, el panorama financiero se torna alarmantemente costoso. La depreciación anual de propiedades y equipos en estas cuatro empresas casi se ha duplicado en los últimos dos años, alcanzando los $116 mil millones. Se anticipa que esta cifra se acelere, considerando la magnitud del equipamiento añadido a sus balances en los últimos 18 meses.
El año pasado, Amazon ajustó la vida útil esperada de sus activos de centros de datos de seis a cinco años, citando "el creciente ritmo de desarrollo tecnológico, particularmente en el área de inteligencia artificial y aprendizaje automático". Hasta ahora, Meta, Microsoft y Alphabet no han seguido este camino, manteniendo los seis años. Sin embargo, parece ser solo cuestión de tiempo antes de que cedan y reduzcan este plazo, impulsando aún más los costos de depreciación. Algo tendrá que ceder, tarde o temprano. ¿O acaso estoy pasando algo por alto?
Implicaciones para el mercado y los inversores
Este agresivo ciclo de inversión en hardware de IA, impulsado por la demanda de modelos cada vez más potentes, está generando una presión considerable sobre los proveedores de chips y centros de datos. Sin embargo, la rápida obsolescencia del hardware y los crecientes costos de depreciación plantean serias dudas sobre la sostenibilidad a largo plazo de estos niveles de gasto. Los analistas de mercado comienzan a advertir sobre una potencial "bomba de tiempo de depreciación" que podría afectar la rentabilidad futura de estas gigantes tecnológicas.
Los inversores deben monitorear de cerca las próximas presentaciones de resultados de estas empresas, prestando especial atención a las notas sobre la vida útil de sus activos y los cargos por depreciación. Cambios en las estimaciones de vida útil, similares al ajuste de Amazon, podrían ser señales tempranas de una reevaluación de los costos operativos y de capital. Además, la disponibilidad de energía y la competencia por recursos limitados podrían convertirse en factores limitantes, afectando no solo a las propias tecnológicas sino también a la economía global que depende cada vez más de la infraestructura digital.
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