Sudamérica destrona a Estados Unidos como la mayor fuente de crudo nuevo del planeta
La región que nadie esperaba ver al frente
Mientras Estados Unidos acaparaba titulares con exportaciones petroleras de récord, al sur del ecuador se cocinaba otra historia. En conjunto, Sudamérica añadió este año más barriles al mercado global que toda Norteamérica, y se convirtió así en la mayor fuente individual de oferta nueva.
El momento resultó casi demasiado oportuno. Con los envíos de Oriente Medio paralizados por la guerra, las refinerías de Asia y de medio mundo salieron a buscar crudo que no tuviera que pasar por el estrecho de Ormuz. Sudamérica, con su salida abierta al Atlántico, tenía justo lo que el mercado reclamaba.
El motor del repunte se reduce a tres nombres: Brasil, Guyana y Venezuela. Colombia, Ecuador y Perú fueron en dirección contraria, con producción a la baja, pero el avance del trío líder cubrió esas pérdidas con holgura.
Conviene, eso sí, poner el dato en contexto. Los datos del sector apuntan que Oriente Medio ha impedido que unos 675 millones de barriles llegasen a sus compradores en lo que va de año. Si se suman los cierres de producción, el mundo ha perdido más de 1.000 millones de barriles de oferta desde el inicio de la guerra con Irán. Los barriles extra de Sudamérica ayudan, pero ni de lejos rellenan ese hueco.
El ascenso sostenido de Brasil
Brasil ocupa el corazón de este giro. En los últimos cinco años puso en marcha una sucesión de nuevas plataformas en los codiciados campos del presal de Santos, y sus exportaciones suben sin pausa desde 2021.
La aceleración real llegó después de marzo. Los envíos a China se duplicaron cuando los barriles de Oriente Medio se esfumaron de la ecuación. La cuota brasileña dentro de las importaciones chinas de crudo saltó de cerca del 10% en enero al 18% en abril, y lo hizo pese a que el apetito importador de China se enfriaba. Abril dejó una marca histórica: las refinerías chinas absorbieron 1,43 millones de barriles diarios de crudo brasileño, la cifra mensual más alta jamás registrada, por delante del récord previo de febrero.
Mayo se moderó cuando la estatal Petrobras desvió volúmenes hacia el refino interno para mantener surtido el mercado local de combustibles. Aun así, la tendencia de fondo apunta hacia arriba, sobre todo si la disrupción de Oriente Medio se resiste a desaparecer.
El milagro de siete años de Guyana
Pocas historias petroleras rivalizan con la de Guyana. Partiendo de cero, el país construyó casi 1 millón de barriles diarios de capacidad en apenas siete años. El consorcio liderado por Exxon que opera el bloque Stabroek, frente a la costa, ha localizado más de 11.000 millones de barriles equivalentes de petróleo en la última década.
Tras arrancar su cuarto proyecto, Yellowtail, el año pasado, el grupo elevó la producción a 900.000 bpd. Hay ocho desarrollos previstos que llevarían la capacidad a 1,7 millones de bpd para 2030.
El dinero no es aquí el único premio. Cuando estalló el riesgo en torno a Ormuz, los compradores empezaron a ver el crudo de fuera de Oriente Medio como la apuesta más segura. Países con acceso atlántico limpio, como Guyana y Brasil, no tienen que improvisar cuando un punto de paso queda bloqueado o bajo fuego. Esa fiabilidad se ha vuelto una moneda en sí misma.
Venezuela regresa del frío
El vuelco más espectacular pertenece a Venezuela. Tras más de seis años de derrumbe, desde las sanciones estadounidenses de 2019 hasta la captura de Nicolás Maduro a comienzos de este año, el país ha vuelto a los mercados internacionales. Sus ventas de petróleo operan ahora bajo control de Estados Unidos y las comercializan los pesos pesados Vitol y Trafigura.
Las exportaciones tocaron en mayo un máximo de siete años, empujadas por los flujos crecientes hacia Estados Unidos e India. Washington suavizó las sanciones sobre la estatal PDVSA, dio la bienvenida de vuelta a las compañías occidentales y animó a las firmas estadounidenses a cerrar acuerdos de producción y exportación.
La recuperación de la producción venezolana de crudo ya no es especulativa.
Las cifras respaldan la afirmación. La producción venezolana apunta a un crecimiento cercano a 600.000 bpd este año, hasta alcanzar 1,3 millones de bpd en 2026. Las nuevas licencias operativas podrían acercar la producción a 1,5 millones de bpd para 2027.
Lo que vigila el dinero inteligente
Para los operadores, la noticia no es solo que haya más barriles, sino dónde se ubican en el mapa. El crudo de la cuenca atlántica carga ahora con una prima de fiabilidad, y eso cambia la forma en que las mesas valoran el riesgo geopolítico dentro del Brent y el WTI.
- El diferencial Brent-WTI: a medida que la oferta de EE. UU. y Sudamérica engorda mientras los flujos de Oriente Medio siguen estrangulados, el valor relativo entre grados atlánticos y del Golfo se convierte en una operación viva.
- Fletes y márgenes asiáticos: el giro de Brasil hacia China alimenta directamente las tarifas de transporte marítimo y el tirón de los márgenes de refino en Asia.
- Divisas: unos ingresos por exportación más fuertes tienden a sostener las monedas latinoamericanas, y los cambios en los patrones comerciales se filtran hacia el USD/CAD a través del complejo del crudo norteamericano.
- Renta variable energética: las acciones ligadas a la expansión de Exxon en Guyana son otro canal evidente.
El riesgo clave a vigilar es la fragilidad. El renacer de Venezuela depende de que la política estadounidense siga siendo favorable, y un giro en las sanciones podría retirar barriles del mercado tan rápido como volvieron. El malabarismo de Petrobras entre exportar y abastecer su refino interno añade otro factor de oscilación. La oferta es real, pero la política que la sostiene puede cambiar con una sola decisión.
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